Llegué al amanecer. Después de comprobar que no había WiFi en la terminal, salí de la misma, sin orientación. Entré en el metro: me colé cuando recién abierto. Y llegué a mi hostal de destino.
Los hostales HI en Canadá tienen mucha jeta: siempre hacen lo mejor para sacarte unos pocos dólares de más. Después de consultar Internet, pedí que me devolviesen dinero, y así hicieron (situaciones equivalentes volverían a pasar en Toronto).
Dormí hasta el check-in, y cuando llegué a la habitación, conocí a Phillip [us] y a Owen [us] después de practicar mi español (cada vez menos castellano) con la de la limpieza.
Después de seguir mis patrones de alimentación a base de porquería dispensada por máquinas, fuimos en la ‘minivan’ de Phillip al Mount Royal, y pasamos el rato.
Me reencontré con Juan José [mx] (conocido en Toronto), con el que intentamos ir a la fiesta de la cerveza (mientras, a saber dónde, Phillip practicaba su francés). Pero ésta fué una misión imposible. En lo que se refiere a horarios, Montreal no era tan restrictivo como Toronto, pero casi.
Total, que volvió el vino español, y acabamos en un karaoke. Yo esperando a un ‘Hotel California’ que nunca llegaría. Luego, se convertiría en una historia de pérdidas y reencuentros.