La vuelta a Nueva York serÃa corta. Llegué el 14 por la noche, después de estar horas en un tren de Amtrak. Horas que volaron, y no dieron para acabar de ver ‘Dead man’ (algo que empecé demasiado tarde). Al menos también empieza con un tren.
El 15, me reencontré con Slava, y estuvimos dando vueltas por la ciudad, ‘haciendo amigos’
adictos al crack y que escupÃan demasiado. Algo que quedó registrado en vÃdeo, aunque no es fácil pensar en qué parte del cortometraje quiteño entrarÃa.
VolverÃa a la casa de Anita para dormir en la escalera de incendios… ya que se olvidaron de que habÃa que dejar la puerta abierta (me dió una tarjeta, pero no tenÃa copias de la llave), y tampoco respondÃan al suavizado timbre. Por la mañana, con buen humor (parecÃa un Flanders cualquiera -de hecho mi prima se creyó que habÃa estado de juerga toda la noche), entré.
Dormà un poco en el sofá, y fuà a comprar una cámara. Pese a que la K-7 me motivaba, era demasiado dinero, y acabé comprando la K20D.